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El día que todos fuimos unos malandros

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(Fotografías: Larissa Mateos)

Juan E. Flores Mateos

En un principio todo parecía una película de zombis. Por el pánico, la gente acelerada gritando, la multitud corriendo para un lado y para el otro. Ya habían transcurrido por lo menos 20 horas desde que habían comenzado los robos colectivos a tiendas departamentales.

Eran ya las seis de la tarde del jueves 4 de enero, en las inmediaciones de Plaza Las Brisas, en la zona norte de la ciudad.

No era ninguna película. Nadie huía de zombis, sino de las camionetas de policías para no ser detenidos después de haber robado. Algunas chicas ocultaban artículos dentro de blusas con mirada pícara, niñas jalaban juguetes junto a papás que se llevaban otras cosas, familias enteras llenando sus camionetas de artículos saqueados, muchos de ellos electrodomésticos, algunos otros, hombres sobre todo, se las ingeniaron para llevarse pantallas en sus lomos al manejar sus motos.

Esta plaza había sido robada colectivamente por lo menos ya tres veces en menos de 30 horas y por el momento estaba en calma. Según gente que llevaba aquí por horas dijo que la calma se debía a que los policías habían echado disparos al aire. Por eso es que junto a la entrada de la plaza, policías ya tenían acordonada el área, evitando el paso. Pero había un puñado de personas que les hacía frente.

—¿O sea que hasta mañana le daré de comer a mi hijo?—dice un hombre con playera rasgada, chanclas y bermuda, que afirma sólo quiere entrar a comprar comida para su familia.

—Entiendan, hasta mañana. Sólo es por hoy, yo los entiendo, también tengo hijos pero esto está fuera de control, mañana todo estará en la normalidad y ya vendrán a comprar—le espeta el policía.

A unos metros una señora le cuenta a un policía naval cómo otra señora le estaba pidiendo permiso a uno de sus compañeros entrar ‘nomás tantito’ para sacar Los Reyes de sus hijos. “Reyes pa qué, lo que quiero es comida, señor” le dice al policía. Él sólo la observa. Sonríe.

Irrumpe la escena la entrada acelerada de tres patrullas con torretas encendidas. La gente al verlas, mejor se dispersa, sale caminando rápidamente para irse.

—Esto ya valió verga, ya no saque nada—dice una chica por teléfono a su mamá al otro lado de la línea. —Llegó la ley, ya mejor me voy de aquí no vaya a ser que me vayan a pepenar.

Quien no estaba saqueando, estaba en las redes viendo un gran espectáculo

En un paseo por las calles del puerto vi la siguiente escena recurrente: grupos pequeños de personas que se arremolinaban alrededor de teléfonos para mirar el gran espectáculo en tiempo real que se había convertido la ciudad saqueada.

Sonidos de disparos al aire, gritos de “al sobres banda”, patrullas, pasos de gente corriendo para sacar cosas de las tiendas se reproducían en las pantallas de esos teléfonos mientras la gente reía, movía la cabeza en señal de reprobación, se asombraba o comentaba y cuyas opiniones se contrariaban:

¡Qué pendejo! ¡Qué ignorantes! ¡Ojalá yo hubiera ido! ¡Qué falta de valores morales! ¡Son unos nacos! ¡De seguro esos son los que venden su voto por una despensa! ¡Muertos de hambre! ¡Vándalos! ¡Puro malandro! ¡A huevo, el pueblo chingó a esos de Soriana que nos chingaron en 2012!

Uno de los videos más comentados en las redes sociales fue subido por la página del medio Cambiodigital. Un grupo de gente entra  a robar una tienda Oxxo en Arboledas. Entre la muchedumbre, aparece un joven de lentes, obeso, que entra a robar, se pone nervioso, no roba nada y termina siendo detenido en flagrancia con algunos artículos junto con otras tres personas, entre ellas una mujer a la que un niño le llora: ¡Mi hermana, mi hermana!

Los comentarios vertidos en el video fueron más de dos mil y se encaminaron a:

  1. a) burlarse del ‘gordo pendejo que no supo robar’.
  2. b) satisfacerse y burlarse del llanto del niño.

c)enojarse porque el que graba el vídeo le ofrece como prueba a los policías. Le llamaron soplón y sapo, una palabra peyorativa utilizada en series de televisión para referirse a los que denuncian delitos.

Eso sin mencionar la incalculable cantidad de cadenas de whatsapp, audios de presuntos atentados terroristas y fotografías apócrifas que la gente compartía para explicarse o intentar explicarse lo que estaba sucediendo.

Cifras de detenidos: Mi hijo sólo estaba de mirón

A las siete de la noche, las instalaciones de Playa Linda estaba llena de gente cansada y angustiada que esperaba saber la situación jurídica de sus familiares. Por el desorden, ocurría que habían personas que llevaban horas esperando como también habían familiares que tenían escasos minutos de haber arribado. Por la mañana, incluso, algunos de estos familiares se enfrentaron a un grupo de policías para evitar que fueran trasladados a otro lado, sin éxito.

Un joven con uniforme de la escuela privada Villa Rica, que llegó desde las diez de la mañana, cuenta que su novia Andrea está detenida y que apenas la acaban de nombrar.

—Le hablé a Yunes, el compañero de la escuela. Me hizo el paro su papá. Es que ella sí estuvo robando, quién sabe qué le pasó, nunca había hecho algo así. Afortunadamente el señor pudo lograr que le bajaran los cargos, ahora sólo pagaremos una falta administrativa que son 2, 500 pesos. Estoy aquí desde las diez de la mañana, ya sólo pagamos y enseguida la liberarán.

Otros que llevaban menos tiempo esperando eran familiares de Rafael Jácome, detenido en la zona norte, quienes acusaron la lentitud de los policías navales.

—Mi hijo sólo estaba de mirón, y se lo llevaron. Pero no se llevaron a los verdaderos ratas que andan robando desde hace tiempo la ciudad, ¿verdad?—dice la señora quien no quiere proporcionar su nombre. Le da pena.

—Llevamos varias horas aquí, no nos dicen bien, mucha gente espera saber si están aquí si no para moverse a la agencia séptima a las Bajadas. Nosotros sólo somos falta administrativa, pagaremos 2 mil 500 pesos; unos 8 han mencionado que van a consignarlos, esos sí dicen que les van a dar hasta 10 años, dice.

Las cifras oficiales todavía no están completas, siguen en aumento. La gente habla ya de robos a mercados de fruta y carnes y de gente bien armada asaltando establecimientos.

Escuché a los policías navales esa noche confesar que el reporte seguía creciendo y que les estaba costando trabajo llevarlo a cabo. También vaticinar que las cifras seguirían aumentando por la madrugada. Vi también que esos mismos policías salían cada hora con una nueva lista de detenidos por faltas administrativas y por delitos más graves. Por supuesto que eran más los detenidos por falta administrativa. En uno de esos pase de lista, me tocó escuchar 45 nombres: 37 por faltas administrativas y 7 consignados.

Hasta el cierre de la escritura de esta crónica iban 170 detenidos en el puerto de Veracruz, 120 robos a comercio y algunas tiendas saqueadas hasta en cuatro ocasiones.

Los consignados hasta el momento, según un boletín de la Fiscalía General del Estado, serán acusados de asociación delictuosa, privación ilegal de la libertad, motín, lesiones, robo agravado, sabotaje y hasta por terrorismo.

 

Las contradicciones de la ciudad

Lo que vi en el puerto de Veracruz fueron muchas contradicciones, un fenómeno que hasta ahora nadie puede explicar en su totalidad y que tuvo lugar en una ciudad cuya industria del crimen la controlan la impunidad y el Cártel de Jalisco Nueva Generación.

Vi gente que robaba pero que se justificaba de que el ex gobernador Javier Duarte, ahora prófugo, había robado más. Gente que se justificaba no tener dinero para comer pero que robaba pantallas de lujo. Pero eran más los que efectivamente entraron a robar comida y artículos perecederos. Vi condenar a los saqueadores pero también a los que aportaban pruebas como evidencia, los llamaban celosos, sapos o pendejos; contra los que documentaban los hechos escuché decir que por eso luego los matan.

Vi a la gente reaccionar de manera diferente ante las cámaras: unos se tapaban la cara pero otros sacaban la lengua diciendo «a huevo» con alguna seña en la mano, sabiendo que nunca sería detenido, algunos más, la mayoría, ni se inmutaron ante las cámaras y sólo se dedicaron a agarrar lo que podían para luego huir: algunos llegaron a enojarse y arrojaron desde señas obscenas hasta piedras.

Vi gente muy pobre, con su ropa rasgada llena de pintura, robándose todo lo que se podía pero también vi gente en RAV4 o Sentras del año, bien vestidos, apañando todo lo que podían. Uno de esos casos fueron mis vecinos que aunque tienen un Sentra y un Bora de modelos recientes han hecho de su garage un botín incalculable del que se jactan. Vi también que vecinos aunque los vieron y les lanzaron miradas reprobables en voz baja, no los denunciarán porque en la dinámica del barrio se prefiere estar muerto a ser un soplón.

Vi lanzar teorías conspiratorias, que todo lo había orquestado el PRI para desestabilizar, que todo lo había orquestado el PAN para pedir más militares en las calles. Gente con sueldo en el ayuntamiento de Boca del Río, como Sergio Muñoz Colina, de tendencia panista dijo que todo lo había orquestado MORENA para desestabilizar el nuevo gobierno.

Pero también vi actos de solidaridad, grupos de personas defendiendo sus tiendas de autoservicio o las casas de sus vecinos ante la amenaza constante de que también entrarían a robar casas, como pasó en colonias como Lomas de Río Medio 4, Colinas de Santa Fe, La Florida. Algunos bloquearon calles. Vi gente que ante el paro de transportistas que hubo a lo largo del día, dio rides gratis a la gente que esperaba en las paradas de los autobuses. Incluso un amigo, Nardy Valencia, publicó en su cuenta de Facebook sus destinos por si alguien de sus contactos necesitaba un aventón.

Vi a gente, en Plaza Brisas, calmarse sólo después que el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares les prometió un vale de despensa por 500 pesos. Vi a gente enardecida sacando lo más que podía. Vi a marinos y policías detener a algunos como también vi a marinos y policías no hacer nada para detener los grupos que robaban a mansalva. Vi suspender al ADO las corridas de todo el día.

Se supo también de ladrones de oficios que aprovecharon la oportunidad. Gente armada y bien organizada que se sabía impune porque tenían permiso ‘de más arriba’ para robar. Se supo de gente que ante ello, ante la “turba enardecida” reflejada en todos los medios, que llena de miedo se refugió en sus casas para dormir hasta que todo se calmara.

Pero vi sobre todo personas que desde sus privilegios, lo redujo todo a un simple acto vandálico ocasionado por “nacos” con “falta de valores” “que no ama Veracruz”.

Lo que vi, principalmente, fue una sociedad contradictoria, que vive entre la impunidad y el descontento, desenvolverse a lo largo del día durante los robos masivos que superó todo lo que ya se había visto antes.

Veracruz, saqueos en zonas de redes políticas clientelares

Le pregunto al sociólogo, catedrático de la Universidad Veracruzana, Mario Constantino, que me explique lo que ocasionó el robo colectivo en las tiendas departamentales y de autoservicio de la ciudad.

Él me dice que una parte de la historia es que los saqueos hayan sido orquestados. La otra parte es que en medio del caos la gente aprovechó. Otra más es el contexto  de desempleo y crisis.

“Los tres componentes de un cóctel que puede ser más explosivo” me dice sobre ello.

Y es que aunque la escena pareciera un acto de simple vandalismo, un acto de gente huevona que no le gusta esforzarse, todo indica que es más complejo que eso. Lo cierto es que resulta increíble que la gente de esta ciudad costeña, por sí sola, se haya organizado bajo la consigna del incremento de la gasolina para saquear tiendas, oxxos y demás tiendas de autoservicio.

El puerto de Veracruz alberga una sociedad que se organiza muy poco. Que marcha muy poco y piensa que los que marchan o se organizan son personas que hacen “grilla”, es decir gente que no más hace ruido para favorecer a un grupo político.

Cuando las manifestaciones o protestas no son realizadas por el mismo incipiente grupo de jóvenes universitarios, las realizan grupos que sirven como bastiones clientelares al Partido Revolucionario Institucional: grupos de transportistas, de taxistas como SERTACAVER, líderes de seccionales, lideresas de colonias que se hacen dueñas de la noche a la mañana de grandes extensiones de terrenos, acarreados, vendedores ambulantes, etcétera.

La forma en cómo se orquestaron los saqueos tuvieron escenas muy parecidas a la forma de operar de estos grupos clientelares que han sido el músculo del partido revolucionario institucional. Por ejemplo, a aquella durante el 2012 en la que un grupo de priístas había colado gente en una casilla de la zona de Intercolonias para retrasar el proceso de la elección y dejar a mucha gente sin votar, lo que ocasionó que la gente enardeciera e intentara encerrar a los funcionarios de casilla hasta que ellos pudieran votar.

Pero no todo fue así.

Cuando le pregunto al investigador de la Universidad Veracruzana, Alfredo Zavaleta Betancourt sobre estos actos de saqueo en el puerto de Veracruz, que ocurrieron principalmente en puntos rodeados con gente de clase media y baja que alimenta estas redes clientelares, me dice que sí cree que hubieron actos inducidos por dichas redes. Pero también que hubieron citadinos que aprovecharon la oportunidad.

“Es un acto masivo que contagia, no sólo a grupos de clase baja sino también de sector de clase media…la clase media también está bajo presión” me comenta en una charla informal por un chat en línea, el investigador de Investigaciones Histórico-Sociales.

Sin embargo no se puede dejar de lado el escenario peligroso. La posibilidad de un estado de excepción si es que los saqueos persisten y se multiplican los siguientes días. “La dinámica es irritar al sector empresarial que es el que pedirá al Ejército. Entonces la seguridad no será pública sino de los empresarios” piensa el doctor.

Si algo pasa es que la forma en cómo han transcurrido los hechos abonan a la confusión. Son comunes los comentarios en los que se dice que una cosa es protestar por el alza de gasolina y otra los “actos vandálicos” que se han visto durante más de 24 horas. Para este momento, se puede ver en el puerto que el grueso de la opinión pública asocia lo uno con lo otro.

“Estos actos desplazan la protesta y se articulan a las ejecuciones extrajudiciales fiscalizadas en delincuentes comunes y organizados. ¿Qué relación existe entre las ejecuciones de (Jesús) Carranza, las ejecuciones de asaltantes de Oxxo y la eventual violencia contra la protesta?” cuestiona el investigador.

Sin embargo, es importante analizar también el papel que los medios de comunicación tuvieron para fomentar que los actos de saqueo se replicaran “Han reaccionado de forma heterogénea…algunos hablan de barbarie, otros de conspiración, ni lo uno ni lo otro…es acción colectiva ilegal” señala el investigador al otro lado de un ordenador.

El gobernador que quiso detener el saqueo con vales de despensa

Como si se tratara de una mala escena de película, el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares llegó en helicóptero a Plaza Chedraui Brisas cerca de las cinco de la tarde del jueves 4 de enero. Se bajó escoltado por el fiscal Jorge Winckler Ortíz y el secretario de seguridad pública, Jaime Téllez Marié, y se adentró con la intención de calmar a las personas que saqueaban por segunda ocasión sus locales de venta.

Con las manos extendidas, esa recurrente señal que se usa para calmar a los demás, intentó convencer a las personas que dejaran de robar cosas. Pero pocos lo voltearon a ver.

Luego entró a la plaza, como si fuese un mesías pacificador, un renovado Fidel Herrera Beltrán, y paseó sobre ella, escoltado por elementos de Fuerza Civil, según para poner orden. Aunque casi nadie le hizo caso, muchos vídeos intentaron ensalzar su figura, como el de la transmisión en vivo que hizo el Fiscal General del Estado, Jorge Winckler Ortíz.

En uno de los tantos vídeos compartidos en la red sobre su llegada, se ve un Yunes Linares, con el rostro serio, arrebatar un oso de peluche a un joven mientras otros corrían con objetos de mayor valor en sentido contrario.

La imagen de un Yunes Linares intentado sobreponerse pero rebasado e ignorado, con un oso de felpa en la mano, es la misma imagen de todos los cuerpos de seguridad enfrentando el robo masivo que hicieron las personas en toda la ciudad. Sobre ello, algunos de esos elementos policíacos me confesaron que tenían la orden de esperar y de no hacer nada hasta que llegaran refuerzos.

Mientras él intentaba liberar la plaza de las personas que robaban colectivamente, dos personas ya habían sido asesinadas debido a los disturbios en el Fraccionamiento El Coyol, al norponiente de la ciudad. No fue hasta que prometió vales de despensa de 500 pesos a las personas, para que la situación calmara un poco. Mucha gente aún así no le hizo caso. Los disturbios y robos siguieron hasta la madrugada.

Un día antes él mismo había anunciado que no habrían más saqueos, que el jueves transcurriría ya con orden y normalidad. Algo que no ocurrió. Desde que adquirió el mando del estado,  en su discurso ha manejado constantemente que habrá mano dura contra los delincuentes.

Por la mañana, arribaron 200 elementos de la Gendarmería que el gobernador había anunciado vendrían para controlar la contingencia y reforzar la seguridad. Como si se tratara de otra escena de película en la que un convoy de rusos entra a a alguna ciudad dominada por los nazis para su liberación, decenas de camionetas de Fuerza Civil, Gendarmería y Policía Estatal rodaron sobre el bulevar para llegar ante un Yunes Linares que esperaba en lo alto de una base trasera de un tráiler.

Si la teoría conspiratoria corrida de boca en boca de que Miguel Ángel  Yunes Linares usó como pretexto los robos colectivos para llenar de policías la ciudad y militarizarla fuera cierta, por lo menos una parte del círculo ya se había cerrado.

 

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