Zaira Juárez García
Córdoba, Ver.- La última vez que Arlen convivió libremente con sus hijos fue antes de Navidad. Desde entonces, su vida transcurre entre audiencias, expedientes y visitas vigiladas en el Centro de Convivencia Familiar (CECOFAM) de Córdoba, donde apenas puede abrazarlos durante unas horas antes de volver a despedirse.
Este 19 de mayo, la Fiscalía General del Estado confirmó la vinculación a proceso de Jesús Fabián “N”, empresario cordobés y expareja de Arlen, como presunto responsable de los delitos de retención de menores y violencia vicaria, dentro del proceso penal 255/2026.
La resolución judicial coloca el caso como uno de los más relevantes en Veracruz desde que la violencia vicaria fue tipificada como delito en marzo de 2025 y exhibe una problemática que colectivos y madres víctimas han denunciado durante años: el uso de los hijos como mecanismo de control, castigo y daño emocional contra las mujeres.
De acuerdo con la Fiscalía Coordinadora Especializada en Delitos contra las Mujeres, Feminicidio, Familia y Trata de Personas, existen datos de prueba suficientes para continuar el proceso penal contra el imputado, por hechos presuntamente cometidos en agravio de dos menores de edad y de una víctima de identidad reservada.
Como parte de las medidas cautelares, la autoridad judicial ratificó la firma periódica, la prohibición de salir del estado y otras restricciones legales mientras continúan las investigaciones.
Pero detrás de la carpeta judicial existe una historia atravesada por la incertidumbre, el desgaste emocional y la lucha de una madre que asegura haber sido despojada de su vida cotidiana junto a sus hijos.
La primera vez que no volvieron
Arlen tenía la guarda y custodia de los menores. El régimen de convivencias con el padre estaba establecido por un juez y parecía seguir una rutina normal.
El 19 de diciembre de 2025, Jesús Fabián “N” recogió a los niños en la escuela para pasar con ellos el fin de semana. Debía regresarlos el domingo por la tarde.
Nunca ocurrió.
“Le mandé mensajes para preguntar a qué hora llegaban, pero ya estaba bloqueada de WhatsApp”, recuerda.
Las horas pasaron entre llamadas sin respuesta y angustia. Más tarde, un abogado le informó que el empresario había promovido un “depósito” judicial en un juzgado familiar de Córdoba para quedarse temporalmente con los menores.
Todo ocurrió durante el periodo vacacional decembrino, cuando juzgados y dependencias operaban parcialmente. El tiempo, dice Arlen, comenzó a jugar en su contra.
Fue hasta febrero de 2026 cuando una jueza determinó que el padre presuntamente utilizó información falsa para obtener el depósito y ordenó restituir la custodia a la madre.
Sin embargo, la calma duró apenas unos días.
“Se los llevaron de la escuela”
El 5 de febrero, Arlen acudió al colegio de sus hijos acompañada de un notario para notificar oficialmente que el depósito judicial había quedado sin efecto.
Ese día, asegura, algo no estaba bien.
“Me citan para una reunión y cuando llego ya no me dejan pasar de la reja”, relata.
Recuerda guardias hablando por radio, movimientos apresurados y a los alumnos del grupo de su hijo menor saliendo por un acceso distinto al habitual.
Cuando intentó encontrarlos, ya no estaban.
“Se los llevaron de la escuela”.
Posteriormente, Jesús Fabián “N” promovió un amparo contra la restitución de los menores y obtuvo una suspensión definitiva que actualmente le permite mantener la custodia provisional mientras continúa el litigio familiar.
Desde entonces, Arlen solo puede ver a sus hijos bajo supervisión judicial en el CECOFAM.
Primero fueron dos horas por semana. Ahora son dos horas al día, cinco veces por semana.
Aun así, describe esas convivencias como dolorosas.
“No es una convivencia normal. Sabes que el tiempo se acaba y tienes que volver a soltarlos”.
“La violencia vicaria es una forma de seguir controlándote”
Durante casi dos años, Arlen asegura haber vivido violencia psicológica, económica y hostigamiento constante.
Explica que durante el matrimonio se dedicó completamente al cuidado de sus hijos, situación que tras la separación la dejó en una posición vulnerable económicamente.
“A ver cómo le haces para pagar un abogado”, recuerda que le dijo su expareja.
Hoy identifica todo ese proceso como violencia vicaria: una modalidad reconocida en la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, donde los hijos son utilizados para causar daño emocional a la madre.
“La violencia vicaria es una forma de seguir controlándote”, afirma.
En Veracruz, este tipo de violencia apenas comienza a visibilizarse dentro del sistema judicial. Aunque madres y colectivas llevan años denunciándola, fue hasta el 7 de marzo de 2025 cuando se tipificó oficialmente como delito en el estado.
Con la vinculación a proceso de Jesús Fabián “N”, suman tres casos judicializados por violencia vicaria en los distritos de Córdoba, Papantla y San Andrés Tuxtla.
Además, existe una audiencia pendiente en Misantla y dos órdenes de aprehensión aún sin ejecutar en Papantla.
Mientras el proceso continúa, Arlen sigue esperando el día en que pueda volver a convivir con sus hijos sin supervisión, sin horarios y sin miedo.
“Hay días en que ya no tienes fuerzas”, dice.
Pero después guarda silencio unos segundos y concluye:
“Tus hijos son lo que te hace seguir”.




