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Abusan, asaltan y mancillan a migrantes con total impunidad


Una joven hondureña vivió el terror en manos de cuatro sujetos que trataron de abusar de ella; logró escapar y pasó 24 horas entre el monte. Su hermano pidió auxilio y no se lo dieron porque ‘del otro lado del río es Tabasco’.

Con un nudo en la garganta, a punto del llanto por la impotencia y la incertidumbre al pensar que su hermana estaba privada de la libertad en manos de cuatro asaltantes, Germán Muñoz Chávez, de 34 años de edad, originario de Honduras, lamentó la falta de ayuda de los cuerpos de seguridad en territorio choapense, ya que pidió el apoyo para que lo ayudaran a buscar a su consanguínea y no le tendieron la mano, porque “del otro lado del río” es territorio tabasqueño.
Yesica Cristina Muñoz Chávez, de 23 años, también de Honduras, vivió el terror en manos de cuatro sujetos que trataron de abusar de ella el pasado domingo a mediodía, cuando fueron víctimas de asalto tres kilómetros antes de llegar al río que divide a Veracruz y Tabasco en la colonia San José del Carmen; como pudo, logró escapar y correr entre pantanos hasta llegar a una zona boscosa donde pasó el día completo y toda la noche.
Germán Muñoz, contactó a PRESENCIA Sureste para exponer su situación la mañana de este lunes, ya que se encontraba sumamente preocupado por la desaparición de su hermana y la falta de ayuda de los cuerpos de seguridad. Por su propio pie llegó hasta una vivienda en San José del Carmen donde le brindan asistencia social a las personas migrantes y ahí el responsable del inmueble también reportó los hechos a Gobernación municipal, pero no recibió respuesta.
El hondureño relató que el domingo 27 de marzo, alrededor de las 13:00 horas, caminaban sobre las vías del ferrocarril, era un grupo de al menos siete personas que se hacían acompañar, al conocer los riesgos que existen durante la travesía; tres kilómetros antes de llegar al río Tancochapa, todavía en territorio tabasqueño, les salieron al paso cuatro sujetos, tres con machetes y uno con un rifle.
Su hermana se asustó y se echó a correr hacia los pantanos, mientras era perseguida por uno de los agresores, él y los demás fueron asaltados y de ahí corrieron hasta llegar a San José del Carmen; desde ese momento comenzó su preocupación, pues no supo más del paradero de su hermana. Durante la tarde, otras personas migrantes lo acompañaron a recorrer el mismo tramo pero no la encontró.
Asimismo, dio parte a la Policía Municipal y los uniformados lo apoyaron en recorrer el sector de San José del Carmen hasta los límites con el río, pero ya no cruzaron a Tabasco porque no es su jurisdicción, le plantearon los mandos, de tal forma que hasta ahí terminó la ayuda. Cayó la noche y llegó el lunes, sin saber nada de su hermana.
“Yo solo pido que si la tienen que la suelten, a como sea, yo me siento agüitado, quiero que me la regresen viva (…) quiero que me la entreguen para seguir el camino, nosotros no venimos haciendo daño a nadie, en el nombre de Dios que todo salga bien”, pidió con voz entrecortada, mientras descansaba en el patio de una vivienda en San José del Carmen.
APARECE YESICA CRISTINA
Este mismo lunes, pocos minutos después de las 14:00 horas y cuando ya habían pasado las 24 horas de su desaparición, la joven Yesica Cristina Muñoz Chávez, agotada, con picaduras de moscos y algunos rasguños causados por la maleza en piernas y brazos, llegó por su propio pie hasta la casa de un vecino que les brinda asistencia a las personas migrantes en la colonia San José del Carmen, pues asegura que el caporal de un rancho la encontró y la guió para llegar hasta ese lugar.
Al ser entrevistada por el reportero Juan Carlos Angulo, la joven relató que estuvo a punto de ser abusada sexualmente, ya que sí fue alcanzada por uno de los atacantes, pero da gracias a Dios que tuvo fuerzas para poder soltarse y escapar. Corrió tanto que se perdió entre una zona boscosa y ahí se ocultó toda la tarde del domingo y toda la noche, donde sufrió de hambre, sed y la picadura de una inmensa cantidad de mosquitos.
Este lunes tenía miedo de salir y ser encontrada por los delincuentes, pero encomendándose a Dios y para que no fuera a caerle nuevamente la noche, comenzó a caminar y entre ratos a correr hasta que llegó a un rancho donde se encontró a un caporal, quien le brindó el auxilio y le dijo cómo llegar hasta donde se encontró con su hermano Germán, donde ambos se abrazaron y lloraron por esta terrible experiencia.

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