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El Brexit, un ejemplo más del voto no razonado

Javier Herrera Borunda

La palabra Brexit es un acrónimo inglés que resulta de las palabras Britain, y exit que significa la salida del Reino Unido de la alianza establecida entre 28 países europeos que conocemos como Unión Europea y que representa actualmente uno de los bloques económicos y sociales más poderosos e integrados del mundo.

Sus orígenes se remontan a la Comunidad Económica Europea creada en 1957 con la firma del Tratado de Roma por Francia, República Federal de Alemania, Italia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo, con el objetivo de crear un mercado común que permitiera la libre circulación de personas, mercancías y capitales entre los países miembros y el diseño de políticas económicas conjuntas para impulsar el desarrollo económico.

En 1973 se incorporaron Dinamarca, Irlanda y Gran Bretaña; Grecia en 1981, España y Portugal en 1986, y lo que fue Alemania Oriental en 1990. A este tratado se añadieron otros dos: el de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero y el de la Comunidad Europea de la Energía Atómica, que en conjunto se conocían como Comunidades Europeas.

El 1 de noviembre de 1993 entró en vigor el Tratado de la Unión Europea firmado en Maastricht, Holanda, el 7 de febrero de 1992, sustituyendo a los anteriores, así, en 1995 se adhirieron al nuevo organismo Austria, Finlandia y Suecia; en 2004 República Checa, Polonia, Hungría, Estonia, Eslovaquia, Eslovenia, Letonia, Lituania, Chipre, Malta; en 2007 Bulgaria y Rumania; y Croacia en 2013. Con este tratado se hicieron realidad la libre circulación de mercancías, servicios y personas entre los países miembros, así como la unión para potenciar el desarrollo económico y social sustentable y equilibrado, la unidad monetaria del euro, el establecimiento de una política exterior común, la protección de los derechos de los ciudadanos de los países miembros y el establecimiento de marcos jurídicos comunes.

Curiosamente y como antecedente menciono que en 1969 Noruega realizó un referendo entre su población con objeto de incorporarse al organismo, cuyo resultado fue que el 53.5% de los votantes decidieron hacerlo en contra, lo que provocó la dimisión del entonces primer ministro, Trygve Bratelli. De igual modo sucedió en Suiza con el referendo del 6 de diciembre de 1992, sin embargo este país realizó negociaciones bilaterales que le permiten ser prácticamente socio de hecho aunque no de derecho.

¿Por qué entonces el Brexit? El primer ministro de la Gran Bretaña, David Cameron, durante su campaña electoral de 2015 para alcanzar este puesto en el Parlamento prometió a la ciudadanía celebrar un referendo con respecto a la conveniencia o no del Reino Unido de seguir perteneciendo a la Unión Europea, presionado tanto por integrantes de su propio partido, el Conservador, como por algunos miembros de la oposición, el Partido Laborista, y los militantes del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP por sus siglas en inglés), con una decidida posición euroescéptica y antinmigrante.

Los resultados oficiales de esta iniciativa fueron dados a conocer el pasado lunes 24 de junio. Con una votación del 72% por ciento del electorado, la mayoría decidió abandonar la Unión Europea; 17’410,742 ciudadanos emitieron su voto en este sentido (51.9%), mientras 16’577,342 decidieron permanecer (48.1%).

Las consecuencias de esta decisión abruman hoy al mundo entero por la volatilidad que han creado en la economía mundial, pero de manera particular a la ciudadanía inglesa, especialmente a la población joven que se enfrenta a un futuro por demás incierto, y solicita un nuevo referendo, incluso quienes votaron a favor muestran arrepentimiento, la libra esterlina se ha devaluado de golpe a records históricos, la Bolsa de Londres ha tenido una fuerte caída, la sombra de la inflación ya se está presente, los capitales emprenden la huida, la industria inmobiliaria a la baja, Escocia e Irlanda buscan su independencia de la Gran Bretaña, el primer ministro Cameron se vio en la obligación moral de dimitir… y esto es sólo el inicio de una larga cadena de derivaciones.

Por su parte, los países de la Unión Europea exigen agilizar de inmediato la salida de la Gran Bretaña del organismo, las reacciones han sido inmediatas y sin tregua, consideran que el prestigio de la Unión Europea no puede quedar en entredicho.

Nos debe quedar claro. Decisiones tan trascendentales para el futuro de un país no pueden ser tomadas a la ligera porque el arrepentimiento no sirve de nada. Emitir un voto es una gran responsabilidad, requiere de valorar concienzudamente sus consecuencias y de mirar con visión de futuro la salvaguarda de los intereses y el patrimonio de una nación.

Es fácil afirmar que las instituciones se vayan al caño y no proponer nada a cambio más que el encono social (vaya así han ganado hoy en México varios candidatos), sin embargo, el futuro se sustenta tanto en pasado como en el presente y son uno, como mencionó el gran escritor Carlos Fuentes. Todos debemos tener conciencia de ello.

herrera.Borunda@gmail.com

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