Salieron a marchar por muchas cosas

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Unos iban contra el aborto, otros contra el matrimonio igualitario y otros por la paz. Algunos hasta por la pureza de los niños.
El obispo se enojó porque le preguntaron si la marcha convocada no era discriminatoria. “Yo no la organicé, la organizó la ciudadanía” respondió.

Juan E. Flores Mateos

—Sabe señor, los cavernícolas no tenían Estado. Por eso los romanos inventaron el matrimonio. Matrimonio viene de matriz. Madre y padre. Por eso creo que la ideología de género está mal.
—Tiene razón, señora. Los niños son puros y necesitan un padre y una madre. Eso los homosexuales no lo pueden dar. Está bien esta marcha. Me da gusto conocer a personas como usted.

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Esta plática sucede entre dos personas adultas, maduras suelen llamarles, vestidas de blanco, que están ante una camioneta blanca donde personas escriben consignas del Frente Nacional Por la Familia que se congregó este sábado 10 de septiembre para marchar a las cinco de la tarde desde el Acuario de Veracruz hasta el zócalo de la ciudad.
Mientras ellos platican, más personas pasan a escribir en una especie de mural enorme, parecido a esos que usan como anuncios publicitarios, que se ha adaptado a la camioneta—y que casi no arranca por una falla en el motor—.

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Algunas de esas consignas elocuentes escritas fueron:
“La política no puede estar sobre la biología. No a la identidad de género”
“Hombre y mujer base original de la reproducción”
“Los hijos son de la familia, no del Estado. ¡Viva la familia!
“Porque crear confusión cuando desde los romanos se estableció el término matrimonio, que etimológicamente proviene de matriz, luego entonces no confundir” (sic)
Al lado de las consignas hay una foto como de esas que salen en las revistas Atalaya de los Testigos Jehová. Esas donde las personas son güeras y sonrientes como si nada en el mundo les pudiera preocupar.
La imagen viene acompañado con la siguiente frase: ¡A mis hijos los educo yo! ¡Manifiéstate por tu familia!
“…a la familia hay que defender”.
Un señor moreno tiene un megáfono. Está muy alegre. Presume que en su iglesia han adaptado la letra de uno de los cánticos de los Tiburones Rojos del Veracruz para la marcha del Frente Nacional Por la Familia.
Saca su celular y lo acerca al megáfono para presumirla a la gente que lo rodea y que se refugian bajo la sombra del VIPS por el sol.
La canción dice así: Señores yo tengo gozo/yo tengo aguante/mi orgullo es la familia en todas partes/entiendo el matrimonio entre el hombre y la mujer/en México a la familia hay que defender.

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La reproduce dos veces y le dice a los demás que deben cantarla durante la marcha. Luego por el megáfono les pide que ensayen la porra que han venido ensayando tiempo atrás. La porra dice así:
Con A, con alegría, con E , con entusiasmo, con I, con ilusión, con O, con optimismo, con u, con una familia y la mía es mejor.
Casi al lado unos adolescentes estudiantes del Rougier escriben sobre una pancarta. Lo hacen mal. No escribieron bien la palabra Familia. Además no saben bien qué poner. Una mamá llega y se hinca para escribir las palabras Familia Natural y Valores.
—No tengo regla para hacerlo mejor pero bueno ahí se va a entender—se lamenta.
El obispo dice que él no organizó la marcha
Vestido con un pantalón escolar, una playera polo con el logo del Frente Por la Familia, un sombrero estilo Juan Gabriel y su crucifijo enorme del tamaño de una cadena de fantasía reggaetonera fue como llegó a la marcha el obispo de Veracruz, Luis Felipe Gallardo Martin del Campo.

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Sonriente, entre feligreses emocionados de tenerlo al lado, negó que la marcha fuera organizada por la iglesia pues la misma, según él, fue convocada por la ciudadanía que busca la paz. Además, dijo, él también es ciudadano.
—Esta es una marcha por la paz. No la organizo yo, la organiza la ciudadanía como ustedes pueden ver, todo mundo está de acuerdo en la paz. Todos queremos eso.
—Activistas dijeron que publicarían una lista con sacerdotes gays. ¿No tiene miedo?
—Por supuesto que no. Yo no tengo miedo. Ellos son libres de hacer lo que quieran.
Sin embargo, a unos metros unas personas levantaban firmas para crear «algo» que intente frenar la iniciativa presidencial de reformar el Artículo 4to Constitucional en la que se pretende incluir a que las personas del mismo sexo puedan contraer matrimonio y adoptar en igualdad de condiciones que las personas de diferente sexo (las mal llamadas naturales).
—Hijo, ¿ya firmaste?
—¿Y eso para qué es?
— Eh, eh. Espera, lo que dice aquí. Sí. Eees paaaraa freeeenar laa iiiniciativa preeesidencial queeee buscaa reformar el artículo 4to constitucional—dice leyendo lentamente lo que dice la hoja. ¿Vas a firmar? ¿De qué iglesia vienes?
—Yo de ninguna. Sólo preguntaba.
—Ah, ah.
—¿Y cuántas firmas llevan? ¿Cuántas piensan recaudar?—se le pregunta
—Eso sí no lo sabemos, mijo. Sólo me dijeron que las recolectara.
“Yo vengo por la familia, la de la iglesia”.
Entre sonidos de tambores fue que marcharon personas de distintas iglesias, sobre todo católicas y cristianas evangelistas. Los organizadores que portaban megáfonos organizaron a los convocados de seis en seis. Eran cerca de tres mil.
Venían desde congregaciones religiosas de barrio hasta de esas escuelas particulares locales ancladas a la iglesia católica como el Rougier, La Salle, el Instituto América, entre otras.

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Por ahí también se le vio marchar a la diputada federal Gabriela Ramírez así como a asiduos asistentes a clubes deportivos como el Deportivo Veracruzano y el Club Britania.
Algunas de las personas que marcharon comentaron entre ellas que en las iglesias los curas les pidieron que fueran de blanco, lo más discreto posible, nada alusivo a la congregación religiosa a la que pertenecían.
Sin embargo, algunas monjas no tuvieron reparo en marchar, vistiendo sus túnicas, mostrando su apasionado amor a Cristo bajo el calor.
Varias personas dijeron que estaban ahí por la familia pero no supieron explicar muy bien a qué se referían con ello. Como que les entraba pánico escénico. Unos decían que estaban marchando por la paz, otros para que no se les llame «producto» a los hijos, otros marchaban «por la pureza de los hijos» y hubo quien de plano decía que venía por la familia de la iglesia.
—¿Señor y usted por qué viene—se le preguntó a un Ramón Fernández.
—Por la familia.
—¿Y qué más?
—Por la familia original.
—¿Y esa cuál es?
—Pues la de la iglesia.
—¿Y usted señora? ¿A qué viene?
—Por la familia, por la pureza de los niños. Ellos no saben qué es bueno y qué es malo. Están muy chicos para decidir. Venimos a defender la inocencia.
Una señora de nombre Rosario Robelas se acercó con un feto de plástico, pequeño en la mano. Dijo lo siguiente:
—Vine a decir que somos familia, no producto. No se debe de decir producto a lo que tiene vida. Hay que creer en los milagros, a una vecina le pasó. No podía tener hijos y lo tuvo al final. Dios siempre concede, Dios siempre da. Es la segunda vez que marcho y que lo traigo. Mire, tómele foto. No es un producto, es una persona y no se puede defender. Yo vine a defenderlo. Venimos a defenderlo.
Otros de plano no sabían por qué estaban allí. Sólo repetían: vengo por la familia. Y cuando se les preguntaba por una respuesta más profunda seguían insistiendo que por la familia, que no podían decir más.
Con un discurso amable pocos aceptaron que era una marcha en contra de los derechos de las minorías, principalmente de la comunidad LGBTI. Derechos que se han ido ganando poco a poco con el paso de los años y que la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió en la jurisprudencia 43/2015 el año pasado.
Desde entonces muchas personas del mismo sexo se han casado por la vía civil después de ampararse contra los códigos locales que lo prohiben. Por eso la iniciativa presidencial busca que no se necesite un amparo para casarse ni para adoptar niños. Busca elevarlo a rango constitucional.
La marcha llegó al zócalo pasando por la Macroplaza del Malecón sin contratiempos. Todos portando globos y banderitas rosas. Gritando consignas «contra la ideología de género»(sic)
Hay que decir que el poder de convocatoria de la marcha fue más grande en comparación a otras marchas que se han hecho por desaparecidos, contra la violencia entre otras demandas verdaderamente importantes. El puerto de Veracruz no es una ciudad que marche o se interese por la exigencia de derechos.
El país no es Facebook. Y el puerto de Veracruz es una ciudad ampliamente conservadora: condena a los gays hasta que tiene uno en la familia.
Llamó la atención que durante la marcha varios niños como de unos cuatro años llevados por sus mamás portaban una pancarta anaranjada con una frase peculiar:
Yo quiero tener una familia como la de Nazaret, decía.
Supongo que quienes les dieron esas pancartas también esperan que ellos, en algún momento de la vida adulta, terminen crucificados.

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