Cuando la barredora llega, pagan unos por otros

Crónica-Ver
Foto: Archivo

Juan E. Flores Mateos

El marino –cuyo uniforme en grises y blancos en el puerto de Veracruz significa bonanza y credibilidad – fue claro y contundente con Amelia Hernández Namorado: Señora, ¿por qué anda buscando a su hijo si ya está grande?

Cuando Amelia escuchó la pregunta en tono de sorna comenzó a llorar. Ella creía que los marinos —policías navales— eran diferentes a los policías intermunicipales que abandonaron los separos de Playa Linda en diciembre de 2011.

Pero ese día, para ella, dejó de ser así. Se repuso, tomó aire y con fuerzas le espetó:
-Lo busco porque es mi hijo, nada más por eso.
Amelia Hernández venía cansada. Toda la noche estuvo recorriendo varias dependencias y varias agencias del ministerio público para dar con su hijo y ahora estaba allí, en las viejas instalaciones de Playa Linda, ahora cuartel de los policías navales, al lado de lo que se conoce como El Penalito, para ver si estaba detenido.

-Busqué en la morgue, busqué en la AVI (Agencia Veracruzana de Investigaciones), busqué en agencias del ministerio público, pero cuando el marino me dijo eso ahí en Playa Linda, sentí que algo se me rompió, no lo podía creer y lloré- recuerda Amelia Hernández.

Como no estuvo en ninguna dependencia en las que buscó, Amelia dejó sus datos. Policías así como agentes del ministerio público los tomaron con la promesa de llamarle.
Pero nunca nadie le llamó para darle señas sobre su hijo Pablo Darío Miguel Hernández, quien entonces, en ese 2013, tenía 23 años.
Ni siquiera tres meses después cuando puso la denuncia 1247/2013 hubo algún avance. Ni siquiera hasta ahora. Todo lo que sabe es porque ella lo ha investigado por su cuenta.
La última vez que Amelia supo de su hijo fue en la noche que desapareció: el 6 de diciembre de 2013. Amelia vio cuando su muchacho tomó una camisa de un mecate y le comentó que iba a un Oxxo. Aunque en realidad le dijo eso y terminó yendo al Bar El Partido ubicado a la vuelta de su casa.
Pablo Darío Miguel Hernández no quería tomar ese día. Pero sus amigos Nacho y José Armando, Manito, habían cobrado sus aguinaldos en Talleres Navales del Golfo y lo habían invitado a cotorrear por la tarde.

—Me había dicho que sólo iba al Oxxo pero me engañó, se fue al bar con sus amigos; saliendo del Oxxo se fueron a Bar El Partido, Él estaba con Nacho y José Armando, se los llevaron de ahí como a las nueve de la noche, el bar está en Arizmendi y Revillagigedo. Ese día también supe que se llevaron al dueño de la taquería Tavo, ahí en Jiménez e Icazo. Fue en el operativo de Guadalupe-Reyes que hacen de cajón cada año.

Fue la Barredora

Según los vecinos de la colonia Formando Hogar, donde privaron de su libertad a los muchachos, entre el 6 y el 11 de Diciembre se vivieron días calientes. Se montaron varios operativos en el que participaron camionetas blancas con torretas, «como las de la AVI, escoltadas por más camionetas de policías estatales que tenían tapadas sus números con cinta».
Nadie se alarmó porque en el barrio eso es algo normal, incluso tiene un nombre, La Barredora: porque, dicen, arrasa con la basura.
No sólo lo dice la mamá de Pablo Darío, lo dicen los habitantes del barrio: esos operativos son de cajón: se hacen cada año. Y a Nacho, Manito, y Pablo Darío, dicen sus propios conocidos, se los llevaron «por estar tatuados» y «por su fama de malandros».
En los barrios de Veracruz, es común que el término malandro se asocie con chicos que visten con ropa deportiva, tenis fosforescentes, circonias en las orejas y peinados cuyos cabellos se alzan en crestas. Pero no siempre es así: el simple hecho de pertenecer a un barrio te hace acreedor de que te nombren malandro.
Aunque no mates o robes y sólo te tatúes. El término malandro habla de una especie de identidad barrial. Pero también se te llama así «cuando andas en pasos turbios».
Antes del 2011, y del recrudecimiento de la violencia por la política de drogas en la ciudad, cuando aún existían los policías intermunicipales, estos solían hacer operativos en los que se llevaban muchachos «sospechosos» a los separos de Playa Linda para que sus padres fueran a desembolsar cientos de pesos para sacarlos.
Algunas veces ni siquiera robaban o cometían algún delito: bastaba tener «la pinta de malandro» para ser subidos automáticamente a las camionetas de policías, para que La Barredora se los llevara a los separos de Playa Linda.
Pero las cosas cambiaron con la llegada de los cárteles: La Barredora llega por muchachos, principalmente tatuados y con fama de rateros, para tragárselos.
Tan sólo en esos días, cuentan los vecinos, «desaparecieron unos 15 muchachos de la colonia» de los cuales hasta ahora, debido al arrojo de sus madres para participar en marchas de madres con hijos desaparecidos, sólo se tiene constancia de: Víctor Álvarez Damián, Yonathan Isaac, Marco Antonio, José Armando, José Ignacio, y el de Pablo Darío.
Los demás se pierden por miedo a la denuncia. Regularmente porque «algunos estaban en pasos turbios y pues qué van a denunciar».
Aunque Doña Amelia dice que por lo menos en la colonia han desaparecido unos 60 muchachos. Como también lo dicen los chicos del barrio que aún quedan vivos.
“Este barrio era muy grande. Éramos un montón y ahora no somos nada. Hay un verguero de flota desaparecida, que ya fue, por lo menos unos 60. De Manito te puedo decir que era malandro famoso porque su hermano Loro, fue mano derecha de Rolando Veytia, Manitas, —ex jefe de plaza asesinado por militares en un operativo el 22 de mayo de 2011— y los otros dos pues tenían fama de malandros, de rateros. Pero ninguno chambeaba, se drogaban, sí, chupaban como todos pero cuando la barredora llega, pagan unos por otros” dicen conocidos suyos del barrio.
Jóvenes y Muertos. Jóvenes y desaparecidos por el recrudecimiento de la violencia debido a la política de drogas y a la lucha por la plaza entre los Zetas y el Cártel de Jalisco Nueva Generación.

De la Formando Hogar al barrio de Ikazo

La Formando Hogar es una colonia que se formó por invasiones territoriales a unos terrenos de Pemex que no le quedó de otra más que venderlos. Eran pantanosos e inhóspitos pues por las noches solían poblarse de mosquitos.
Veracruz está casi formado en su totalidad así: gente pobre y trabajadora expulsada que invade terrenos y funda colonias. Por eso es que esos trabajadores, ya asentados aquí, fueron pagando sus terrenos poco a poco.

Aunque las casas son de material de concreto en su mayoría, se nota el deterioro por el salitre. Y muchas casas tienen todavía techos de lámina. También existen patios de vecindades escondidos entre algunas casas. El límite de la colonia son las vías del tren, por un lado, y por el otro un parque llamado La Pinera que da de frente a los terrenos portuarios. Se conforma por unas cinco avenidas, dos callejuelas y un callejón horizontales pero su emblema es una calle larga y vertical que lo parte por la mitad, Icazo.
Por eso es que a la Formando Hogar se le conoce como el Barrio de Ikazo. Con K porque así firmaban los chicos cuando se juntaban y subían fotos de orgullo barrial en las páginas de internet.
En algún momento, los chicos nacidos en esta colonia no se llevaban. Los de Berrozabal no se llevaban con los de Ikazo y los de Ikazo no se llevaban con los de Pino Suárez, ni los de Pino Suárez con los de Jiménez y así hasta que un día, a finales de los años noventas, hicieron las pases y todos empezaron a jalar juntos.
A esa alianza la llamaron, inspirados en el disco de un reguetonero llamado Daddy Yankee: Ikazo Barrio Fino.

“En este barrio éramos un verguero. Era un gran barrio. En algún momento mandábamos a los más chicos, a los más pendejitos a que robaran a la gente que pasaba por aquí. Y aunque muchos no eran de pleitos lo hacían, todos éramos como hermanos. Hubo un día que los polis se querían llevar a un chamaco del barrio, no había hecho nada, sólo porque sí, y ese día hasta los grandes del barrio se metieron. Les achinamos la camioneta y algunos comenzaron a abaratar a los polis a vergazo limpio. Tuvieron que irse de reversa, salieron corriendo pero se llevaron al chamaco, ya luego sus papás fueron a pagar 500 pesos para sacarlo” comenta un chico de este barrio.
Gracias a ello y al clasismo de la sociedad veracruzana, la zona se estigmatizó como una zona peligrosa, como una zona de malandros.
Por eso cuando el 23 de octubre de 2013, dos meses antes de la desaparición de los chicos, salió a la luz pública robos a celulares a universitarios, automáticamente se dijo que todos habían sido perpetrados por chicos de La Banda de Ikazo.
Los universitarios denunciaron los hechos ante el ministerio público e incluso colgaron una lona en las paredes de la universidad con las fotos y la ubicación que lograron sacar mediante la aplicación Icloud de un celular robado.
En las fotos se veían chicos, principalmente de tez cobriza, vestidos como si formaran parte de un equipo de fútbol: playeras deportivas, pants deportivos y tenis fosforescentes usados para jugar futbol.
Los universitarios desistieron días después en sus reclamos porque fueron amenazados por voces anónimas. Hasta ahora no se sabe de alguien que haya sido detenido por ese hecho.
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En el barrio todos vieron el convoy.
Amelia, después de ver cómo su hijo abandonaba su casa, salió a los veinte minutos de su casa. Vio como patrullas y camionetas blancas con presuntos miembros de la Agencia Veracruzana de Investigaciones merodeaban la zona.
Escuchó a sus vecinos, cerca de un parque, decir que habían autoridades ministeriales y policíacas buscando las caras de jóvenes que traían en fotografías.
Se preocupó pero regresó a casa. Al ver que su hijo no regresaba del Oxxo, salió a buscarlo.

“Al ver que habían pasado veinte minutos salí a buscarlo, en la esquina de Arizmendi había operativo, le había hecho su lonche porque iba a trabajar al siguiente día. Hubo operativo, yo vi ese operativo, me dirigí hacia un parque y me encontré a gente por ahí. Un vecino me dijo ‘Señora qué hace usted aquí métase, están los marinos en operativo, están revisando ven las fotos y les revisan la cara, métase usted’ me dijo, yo le respondí ‘no es que mi hijo está en el Oxxo’ y ella me dijo ‘mire hay una camioneta de seguridad con tres civiles’ y yo todavía le dije, ‘sí, son agentes’ y vi cómo la camioneta dio vuelta en Arizmendi”.

Amelia regresó a su casa con miedo a esperar que pasara el operativo. Cuando no se escuchó ya nada, salió de su casa, fue al bar, el cual era frecuentado por su hijo, y lo encontró cerrado. En eso, aun con el miedo sobre los hombros, al ver que eran las dos de la mañana y que su hijo no regresaba, le comenzó a marcar al celular.
«Le comencé a marcar y marcar y marcar y su celular apagado, después de buscarlo así amanecí marcándole. Le dije a su papá, ‘oye tu hijo no llega’ y me dijo sigue buscándolo. Yo trabajo en un lugar haciendo limpieza por lo que también le dije a su hermano ‘oye Pablo no llega’ y así seguí”, reconstruye Amelia.
Fue por ello que fue a buscarlo a todas las dependencias sin justicia, sin éxito. En Playa Linda le pidieron sus datos, y le dijeron que si sabían algo le dirían. A Playa Linda la había llevado una vecina que tampoco encontraba a su hijo.
Al no obtener respuesta, Amelia emprendió su propia búsqueda. En los siguientes días comenzó a buscar en el barrio hasta que se encontró con un amigo de ellos.
“Señora, vi que se los llevaron junto con Nacho y Manito (José Armando) del bar, se los llevaron en una camioneta blanca” escuchó del chico.
Hace cerca de un año, madres del colectivo Solecito, llegaron un martes 25 de febrero al WTC a pedirle al gobernador que agilizara las búsquedas. En aquel entonces el gobernador se comprometió a rendir avances cada quince días y crear una dependencia especializada en búsqueda de desaparecidos. La creó pero todo fue control de daños mediático. El gobernador dejó de recibirlos meses después.
-Señora quién cree que se los haya llevado –le pregunto.

-Yo he investigado más por mi cuenta. No investigan a los policías y sus operativos. Yo vi cuando las patrullas estaban revisando a los chicos en el Parque, el de Los Pinos. Fueron blancas de la AVI, nadie vio números ni logotipos. El que dio la orden de esos operativos fue el comandante Mariano Castillo a quien lo premiaron porque ya no está aquí, lo movieron y está en Tamaulipas. Dicen que ellos ya declararon y dijeron que sí, que levantaron pero delincuentes. Según ellos quién sabe quién andaba levantando o quién levantó a mi hijo y sus amigos pero que ellos no fueron.
Es verdad lo que dice la señora sobre los operativos. Si tu pides información mediante Infomex sobre ellos, te lo niegan porque “se clasifica como reservada, de acuerdo a lo fundamentado en los artículos 3, fracción X, 12.1, fracciones I y VIII, 14.1, fracciones I,II y III, y 15.1 de la Ley de Transparencia y Acceso la Información Pública”.

La mamá de Jesús Armando

La señora Arrioja tiene 47 años viviendo en la Formando Hogar. Sus hijos tuvieron su educación sentimental en esa colonia, ahí fueron a la escuela y ahí hicieron sus amigos, la vida misma.

“Mis hijos se criaron ahí, desde la Iván Fortier, Claverías, (Secundaria Técnica) 130; mi hijo había cobrado su aguinaldo, como todo muchacho dijo vamos a echarnos unas y se fue con dos amigos”.

Los dos amigos eran Ignacio Cruz González y Pablo Darío Miguel Hernández. Incluso su novia había hablado con él cerca de las diez de la noche.
“Su novia dijo que la última vez que habló con él, como a las diez, dijo que ya iba para la casa porque estaba muy pesada la colonia, que había inteligencia militar y personal de los agentes”, explicó.

La señora Arrioja explica que una de las mamás de los amigos de su hijo fue al Bar y le dijeron que unos hombres armados con chalecos entraron para decir que se tiraran al piso, que entraron directamente por ellos.

“La mamá de uno de los chavos dice que ella vio la camioneta blanca donde dijeron que se los llevaron pero que nunca se imaginó que ahí pudieran estar sus hijos, en esa camioneta, también dicen en el Bar que a todos los tiraron al piso, y que entraron por ellos, que se los llevaron”, relató.

Ella no fue a tantas dependencias de justicia porque piensa que es un arma de doble filo, pero acudió a la Comisión Estatal de Derechos Humanos. La mamá de Ignacio Cruz González, por su parte, es la única que no se ha presentado públicamente por miedo. Como miedo tuvo la señora Arrioja en un principio: que le hicieran algo a su hijo.
Las mamás se anexaron al Colectivo Solecito y marchan desde entonces cada diez de mayo por las calles del puerto de Veracruz. Hoy el miedo, dicen, es algo que ha quedado atrás.
—Yo no tengo miedo. Miedo debe tener el que debe algo. Y mi hijo no debía nada. Por eso es que lo sigo buscando— dice Amelia antes de perderse para escuchar una misa en la Catedral.

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